| THE
EPISCOPAL NEW YORKER |
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From
the Rt. Rev. Mark S. Sisk |
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| The Bishop's Message
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El Mensaje del Obispo Semana tras semana, mientras viajo por la Diocesis visitando congregaciones, comienzo mis observaciones señalando que una gran parte de mi rol y de mi responsabilidad como obispo es traer saludos: de mas de 200 congregaciones de esta diocesis, a traves de toda la Iglesia Episcopal, en verdad de toda la Comunion Anglicana y a traves del tiempo. Estos saludos no son pro forma. Son recordatorios cruciales de que estamos todos juntos en este trabajo y testimonio. Cualquier cosa que se haga, aquí en este lugar y tiempo, fortalece el trabajo de la iglesia en formas que estan mas alla de nuestra imaginacion. Al mismo tiempo, el trabajo y el testimonio de la iglesia amplía, por el tiempo y el espacio, fortifica el trabajo que se esta haciendo en todas y cada una de las congregaciones de maneras sutiles que estan mas allá de lo que podemos pensar. Porque es esto? Porque, en la imagen inolvidable de San Pablo, somos todos miembros de un solo cuerpo. Esto es cierto — y especialmente cuando — nos encontramos en controversia, como ahora lo estamos dentro de nuestra iglesia y a traves de toda la Comunion. A excepcion de los cuentos de Hadas, ninguna familia o comunidad esta siempre de acuerdo en todo. Cuando los asuntos son importantes, verdaderamente importantes, tenemos que esperar desacuerdos. En una familia saludable la gente no busca pleitos con los demas miembros. Sin embargo, todavia es cierto que la controversia puede, incluso debe, ofrecer beneficios reales. Cuando entramos respetuosamente, concienzudamente, y con un espiritu de oracion, los desacuerdos amplian la perspectiva y pueden aclarar las convicciones. En nuestras disputas actuales hay gente en la Iglesia Episcopal han aprendido mas acerca de la Comunión Anglicana de lo que nunca se imaginaron, y hay otros que han oido acerca de los Treinta y Nueve Articulos de Religion por primera vez. Mas aun, nuestra habilidad para discutir estos asuntos, aunque a veces nos hundimos en rencor, es un signo de la salud de la Iglesia. Como una mujer recientemente recibida dijo, “No se que pensar de todo esto, pero si se que en mi iglesia anterior ni siquiera hubieramos hecho esta pregunta.” Yo estoy convencido de que lo verdaderamente crucial es que continuemos alimentando la red de relaciones que sostienen y de hecho constituyen la “comunión.” Lo haremos a traves de la continuacion de nuestro trabajo, conversacion, y oracion por todos los que estan en medio de todos esos desacuerdos. Sobre todo, en medio de la controversia, no debemos dejar que nuestros ojos se aparten de la meta suprema de adorar y servir a Dios como se ha revelado a traves de la gracia y misericordia de Dios en la vida, muerte, y resureccion de Nuestro Señor Jesucristo. Les deseo una Cuaresma bendita y una Pascua Santa. |