THE EPISCOPAL NEW YORKER

The Bishop's Message

By Bishop Catherine S. Roskam

As Episcopalians we come together as the community of faith not only to hear the word of scripture read and preached, but also to celebrate Eucharist, the dramatic reenactment of the Last Supper, in accordance with Jesus’s own commands, in order that we might “remember” him. “Remembrance” here meaning something more active and substantial than merely “thinking about.” Christ participates with us in this drama according to his promises, becoming present among us in the form of bread and wine. Surely the Eucharistic liturgy is the longest running drama in history!

Every Eucharist is a little Easter, in that the central action is grounded in the paschal mystery of Christ’s death and resurrection. But liturgy is also in a very real sense a Pentecost experience in that we are praising God, interacting with God in many languages, the language of the spoken word, of music and chant, of movement and action, and in rare cases even the language of dance. The multiplicity of the languages we use is an exercise in humility, as we recognize that no words, no vocabulary, can truly capture the divine. In fact, sometimes languages other than the spoken word bring us closer to the divine mystery. If on a particular Sunday we find the sermon boring, we might nevertheless be transported to new levels of contemplation and prayer by the music or the sunlight pouring through stain glass, or even by silence, which is sometimes more eloquent than speech.

This understanding of liturgy is the orthodox understanding of the church catholic of which we are a part and runs in contradistinction to the Puritan suspicion of art and beauty as works of the devil. For a liturgical church, art, music, drama and dance are simply alternative vocabularies through which we speak to God and through which God speaks to us.

But it doesn’t stop there. Every language has a number of idioms. The spoken word can be English or Spanish, Japanese or German. French may be European or Canadian or Haitian. Music can be classical or contemporary, Latin or Jazz or Salsa or Blues, Bach or hip-hop. Chant can be plainsong or four part Anglican chant or an Asian cadence. Can it be that liturgy can be expressed faithfully within such diverse forms?

Such was the question in the 16th century when the church decided to leave Latin for the language of the people. The answer in our tradition is that liturgy cannot be expressed faithfully without such diverse forms. For how else will people be able to understand the substance of liturgy which is the same in all times and all places?

What might seem like innovation is actually a modern expression of our centuries old tradition of expressing the Word in the vernacular for the sake of the Gospel and the building up of the Church.

Como Episcopales nos reunimos como comunidad de fe no solo para oír la palabra de las Escrituras, leída y predicada, sino también para celebrar la Eucaristía, la dramática representación de la Última Cena, de acuerdo con el mandato de Jesús, para que lo “recordáramos” a Él. “Recuerdo” significa acá algo mas activo y sustancial que tan solo “pensar acerca de.” Cristo participa con nosotros en este drama de acuerdo a su promesa, haciéndose presente entre nosotros en la forma del pan y del vino. Con toda seguridad la liturgia Eucarística es el drama de más larga trayectoria en la historia.

Cada Eucaristía es una pequeña Pascua, en la cual la acción central está fundamentada en el misterio pascual de la muerte y resurrección de Cristo. Pero liturgia es también en un verdadero sentido, una experiencia de Pentecostés en la cual adoramos a Dios, interactuamos con Dios en muchos lenguajes, el lenguaje de la palabra hablada, de la música y el canto, del movimiento y la acción, y en raras ocasiones también el lenguaje de la danza. La multiplicidad de los lenguajes que usamos es una demostración de humildad, puesto que reconocemos que ninguna palabra, ningún vocabulario, puede verdaderamente expresar la divinidad. De hecho, algunas veces otros lenguajes diferentes del lenguaje hablado nos llevan más cerca del misterio divino. Si en un Domingo en particular encontramos el sermón aburrido, debemos de todas maneras ser transportados a nuevos niveles de contemplación y oración por medio de la música o de la luz del sol a través de los vitrales, o hasta por el silencio, el cual algunas veces es más elocuente que las palabras.

Este entendimiento de liturgia es el entendimiento ortodoxo de la iglesia católica de la cual hacemos parte y surge en contradicción al dudoso entendimiento Puritano de que el arte y la belleza son trabajos del demonio. Para una iglesia litúrgica, el arte, la música, el drama y la danza son simplemente alternativas de vocabulario a través del cual hablamos con Dios y a través del cual Dios nos habla.

Pero esto no se detiene acá. Cada lenguaje tiene un sinnúmero de expresiones. La palabra hablada puede ser en Inglés, Español, Japonés o Alemán. El Francés puede ser Europeo o Canadiense o Haitiano. La música puede ser clásica o contemporánea, Latina o Jazz o Salsa o Blues, Bach o hip-hop. El canto puede ser canciones o cantos Anglicanos de cuatro partes o una antigua cadencia Asiática. Puede ser la liturgia expresada fervorosamente de tan diversas formas?

Esta fue la pregunta del siglo dieciséis cuando la iglesia decidió cambiar el Latín por el lenguaje del pueblo. La respuesta en nuestra tradición es que la liturgia no puede ser expresada fervorosamente sin esta diversidad de formas. Porque, cómo más puede el pueblo entender la esencia de la liturgia la cual es la misma en todos los tiempos y todos los lugares?

Lo que parece ser innovación es realmente una expresión moderna de nuestra por siglos, antigua tradición de expresión de la Palabra en forma coloquial para beneficio del Evangelio y el crecimiento de la Iglesia.

BACK