THE EPISCOPAL NEW YORKER

What General Convention Means To Us


By the Rev. Tobias Haller, BSG

General Convention 2006 dealt with literally hundreds of resolutions, although a mere handful dominated most of the meeting time and press reaction. Ironically, the top hot issues (response to the Windsor Report, and the call not to consent to the elections of partnered gay or lesbian bishops) will have unpredictable impact on the Diocese of New York and its parishes in their day to day and week to week life and ministry. These resolutions, destined, it seems, to offend many and please few, are part of a much larger process that will take years, if not decades, fully to play itself out — and it is too soon to tell where we will be months, let alone years from now.

Of more immediate interest — since the international headquarters of TEC (The Episcopal Church) are in New York — in November we will welcome the Rt. Rev. Katharine Jefferts Schori to be “in but not of” the diocese as the first woman Presiding Bishop, Primate, and Chief Pastor — a first for us and for the Communion. Her leadership will no doubt have a profound impact on the future of our church and diocese.
What about the local parish? Perhaps the greatest impact will come with the adoption of the Revised Common Lectionary, which in Advent 2007 replaces the Sunday Eucharistic Lectionary of the Book of Common Prayer. Worshipers may hear more of Old Testament with one of this lectionary’s optional “tracks” (though the readings will not be related to the epistle or gospel as in the present lectionary). More importantly, the role of women in salvation history receives greater attention.

One of the ironies of our BCP lectionary is that the woman Jesus said would be remembered wherever the gospel is proclaimed (Mark 14) doesn’t make her appearance on a Sunday; the RCL corrects this, offering her story as an option on Palm Sunday in Year B. As a practical matter, this lectionary will require new psalm settings, gospel books, bulletin inserts — and sermons.

Turning from worship to ministry, the General Convention called all Episcopalians to embrace the Millennium Development Goals at every level: not just institutionally, but personally, with every member called upon to set aside that 0.7% of annual income, towards an effort to heal the ills of poverty, hunger, lack of education, gender inequality, child mortality and maternal illness, disease, a stressed environment, and global debt. For individuals, this means roughly one dollar a day for each $50,000 of annual income. The Episcopal Church has many ways to put this kind of contribution to good use: Episcopal Relief and Development, the United Thank Offering and Companion Diocese Relationships are just a few.

The canons governing ordination were revised, which may help to streamline the somewhat cumbersome process, and provide for more hands-on training for all orders of ministry through active mentoring. And many are breathing a sigh of relief that the proposed wholesale revision of the disciplinary canons has been sent back for further work: as many of your deputies noted prior to Convention, this revision could have led to significant difficulties.

Finally, as a historian, I am deeply grateful for the resolutions on the matter of slavery, and the church’s role in its continuance and aftermath.

The General Convention recognized the Episcopal Church’s complicity in this “peculiar institution” and the heritage of racism our world has reaped as a result. This strikes as close to home in New York as in the Deep South. Many parishes in our diocese are old enough to have participated in this chapter of American history: there are parishes that served as stations on the underground railroad, and others that benefitted from slavery, directly or indirectly. My own parish reveals its mixed history: the third rector was a Connecticut Yankee who served as a chaplain in the Civil War, but one of our most generous senior wardens in the 19th century was the heir of a fortune derived primarily from West Indian plantations. General Convention has called for an in-depth engagement with this history, for we can only move forward towards a future of reconciliation on the basis of an honest assessment of our past.

 

 

La Convención General manejó literalmente cientos de resoluciones,pero sólo unas pocas dominaron la mayor parte del período de reuniones y el interés de la prensa. Irónicamente, los problemas más candentes y prioritarios (la respuesta al Informe Windsor y el llamado a no dar consentimiento a la elección de obispos homosexuales o lesbianas que tienen pareja del mismo sexo) tendrán, día a día y semana a semana, un impacto impredecible en la vida y el ministerio de la Diócesis de Nueva York y sus parroquias. Estas resoluciones al parecer destinadas a ofender a muchos y complacer a pocos, son parte de un proceso mayor, el cual tomará años, sino décadas, para darse completamente – y es muy pronto para saber donde estaremos en meses, ni decir en años a partir de ahora.

De interés más inmediato - como las oficinas centrales internacionales de la LIE (La Iglesia Episcopal) están ubicadas en Nueva York, en noviembre le daremos la bienvenida a S.E. Rdma. Katharine Jefferst Schori, quien sin pertenecer a la diócesis estará en la misma desempeñando su cargo como la primera mujer Obispo Presidente, Primada, y Pastora Principal – la primera para nosotros y la Comunión Anglicana. Sin duda, su liderazgo tendrá un profundo impacto en el futuro de nuestra iglesia y nuestra diócesis.

Y ¿qué pasa con las parroquias locales? Tal vez el mayor impacto será el resultado de haber adoptado el Leccionario Común Corregido (LCR), el cual en el Adviento del 2007 reemplazará al Leccionario Eucarístico del Domingo del Libro de Oración Común. Los devotos podrán escuchar más del Antiguo Testamento en uno de los pasajes de este leccionario optativo (pero las lecturas no estarán relacionadas con la epístola o el evangelio como en el leccionario actual). Lo importante es que el papel de la mujer en la historia de la salvación recibe mayor atención. Una de las ironías del leccionario del LOC es que aunque Jesús dijo que se recordaría a la mujer donde sea que se proclame el evangelio (Marcos 14) ésta no aparece los domingos; el LCR corrige esto, ofreciendo como una opción la historia de la mujer en el Domingo de Ramos en el Año – B. En la práctica, el leccionario requerirá que se establezcan nuevos salmos, libros del evangelio, insertos de boletines – y sermones.

Pasando de la devoción al ministerio, la Convención General hizo un llamado a todos los Episcopales a que abracen las Metas de Desarrollo del Milenio en cada uno de sus niveles: no solo a nivel institucional, sino también personal, llamando a cada miembro a poner el 0.7% de su ingreso para ayudar a sanar los males de la pobreza, el hambre, la falta de educación, la desigualdad de géneros, la mortandad infantil y la enfermedad maternal, las enfermedades, el medio ambiente estresado, y la deuda global. Para los individuos, esto significa aproximadamente un dólar diario por cada $50,000 de su ingreso anual. La Iglesia Episcopal tiene muchas formas de canalizar esta contribución para un buen uso: a través de Desarrollo y Ayuda Episcopal (ERD); Acción Unida de Gracias (UTO) y Relaciones de Diócesis Compañeras (CDR) son solo algunas de muchas
posibilidades.

También, se revisaron los cánones que rigen la ordenación al sacerdocio. Esto puede servir para simplificar el proceso un tanto complicado y proveer más entrenamiento para todos los órdenes de ministerio por medio de un plan activo de mentores. Muchos respiraron aliviados cuando se decidió remitir la extensiva revisión propuesta de los cánones disciplinarios para más elaboración: como muchos de sus diputados expresaron ante la Convención, esta revisión podría haber conducido a grandes conflictos.

Finalmente, como historiador, estoy profundamente agradecido por la resolución sobre la esclavitud y el papel que la iglesia jugó en su prolongación y sus consecuencias. La Convención General reconoció la complicidad de la Iglesia Episcopal en esta “peculiar institución” y la herencia del racismo que nuestro mundo ha cultivado como resultado del mismo. Esto golpea en casa tan de cerca a Nueva York como al Deep South (parte del Sur donde se vivió lo peor de la esclavitud). Muchas parroquias en nuestra diócesis son tan antiguas que muchas participaron en este capítulo de la historia americana: Hay parroquias que sirvieron como estaciones
del ferrocarril clandestino y otras que, directamente o indirectamente, se beneficiaron de la esclavitud. Mi propia parroquia revela su historia entremezclada, el tercer rector fue un Yankee de Connecticut quien sirvió como capellán durante la Guerra Civil, y uno de nuestros guardianes mayores más generosos del siglo XIX era heredado de una fortuna proveniente principalmente de las plantaciones de las Indias Occidentales. La Convención General hizo un llamado a tener un profundo compromiso con esta historia, porque solamente podremos avanzar hacia un futuro de reconciliación si hacemos un examen honesto de nuestro pasado.

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