In early October we honor the little-known
St. Fido. Officially we celebrate St. Francis Day on October 4 but
in many parishes this is merely an excuse to bless pets. I’m
not sure how St. Francis would feel about this but he probably wouldn’t
mind. His concern for all God’s creatures lends
itself to the tradition.And it could be worse: at least his statues
aren’t buried upside
down to facilitate a house sale, à la St. Joseph.
Most pet blessings incorporate
a wonderful blend of holy chaos – yelping dogs,skittish cats,
hissing snakes. Precisely how I envision the hold on Noah’s ark,
except with vestments. St. Francis Day blessings provide profound testimony
to the value we place upon the animals with whom we share our homes.
And if we can’t set aside our differences in the name of our
pets, nothing can bring us together. As far as I can tell, there are
no evangelical rabbits, Anglo-catholic guinea pigs, or Low Church turtles.
Heck,they may even be reincarnated Buddhists
.
I’m particularly excited
about this year’s Blessing of the Animals. That’s because
I finally have a pet to bring; I caved in to my boys’ ceaseless
lobbying to get a dog. Perhaps it was inevitable but I still cling
to my conspiracy theory: between Clifford, Scooby-Doo and McDuff, parents
are bombarded with images of cute, adorable, and crime-fighting dogs.
Literature would have you believe that a childhood without a dog is
a form of parental abuse.
In the beginning I tried to be strong. I was never a dog person and
I knew I’d be destined to walk the dog in the pouring rain while
Ben and Zack were at sleepovers, or doing homework, or off to college.
And after all, we do have a goldfish. But as Ben pointed out, “You
can’t pet a fish, Dad.”
No, but they don’t need to be walked, don’t shed, and no
one’s ever been known to step in fish poop. This didn’t
fly.
So Delilah will be joining us for her first blessing this year (yes,
I claimed naming rights). We saw her picture on an animal rescue organization’s
web site, went to meet her, and fell in love. She was saved from a
kill shelter in South Carolina –
literally a “dead dog walking” until Pet Rescue in Larchmont
stepped in to live up to its name. She’s a gentle, sweet yellow
lab/husky mix and she’s
got me wrapped
around her paw. (Delilah’s sitting at my feet as I write this).
But this is more than just a tale of suburban dog ownership. It’s
really a story of conversion (my own) and redemption (Delilah’s).
When we view our lives through a spiritual lens, we often see God’s
hand most clearly.And considering the parables of Jesus are stories
of everyday life,this is nothing new. Pets can open our eyes to the
divine qualities of love and compassion. That’s really why we
bless our pets
in October. But you don’t need a pet to see that the human condition
is full of encounters with death and resurrection, conversion and redemption.
We just need open our eyes to the surprising possibilities that surround
us. There are lessons to be gleaned that transcend the superficial
plane of our existence. They can be found everywhere –
through our relationships (human, divine, and canine) and in the seemingly
routine events of our lives. If a cat or a dog or even a snake can
point the way toward harmony among us, what better way to honor the
legacy of St. Francis?
We’ve come to love and cherish the newest member of our family.
Of course, I hear the
words of the Prayer of Humble Access in a new light: “We are not
worthy so much as to gather
up the crumbs under thy table.” We’ll just leave that to
Delilah.
El Año Del Perro
Por
El Rev. Timothy Schenck
A principios de octubre honramos
al poco conocido San Fido. Oficialmente celebramos el Día de
San Francisco el 4 de octubre pero en varias parroquias esto es solamente
una excusa para bendecir las mascotas. Yo no estoy seguro de cómo
se sentiría San Francisco con estopero probablemente a él
no le importaría. Su preocupación por todas las criaturas
de Dios se presta a la tradición. Y esto podría ser peor:
al menos sus estatuas no son enterradas al revés, à la
San José,
para facilitar la venta de una casa.
La mayoría de las bendiciones de mascotas conllevan una maravillosa
mezcla de caos sagrado – perros
aullando, gatos asustadizos, serpientes siseantes. Exactamente como
me imagino la bodega en el arca de Noé, excepto por los atuendos.
Las bendiciones el Día de San Francisco ofrecen un testimonio
profundo del valor que damos a los animales con quienes compartimos nuestras
casas. Además, si no
podemos dejar de lado nuestras diferencias en nombre de nuestras mascotas
nada nos puede unir. Hasta donde yo sé, no hay conejos evangélicos,
conejillos de indias Anglo-católicos o tortugas
de la Iglesia Baja. Caramba, ellos hasta pueden reencarnarse Budistas.
Yo este año estoy especialmente entusiasmado con la Bendición
de los Animales. Esto es porque por fin tengo una mascota para llevar;
cedí a
la incesante presión de mis niños para conseguir un perro.
Quizás
esto era inevitable pero todavía me apego a mi teoría conspiradora:
entre Clifford, Scooby-Doo y McDuff, los padres son bombardeados con
imágenes
de perros lindos, adorables y combatientes de la delincuencia. La literatura
le hace creer a usted que una infancia sin un perro es una forma de abuso
paternal.
Al comienzo traté de ser fuerte. Nunca fui una persona de perros
y supe que estaría predestinado a sacar al perro en la lluvia
torrencial mientras Ben y Zack estuviesen durmiendo fuera de casa o haciendo
sus tareas o en la universidad.
Y después de todo, tenemos un pez de colores. Pero como Ben señaló, “No
puedes acariciar a un pez papá”. No, pero ellos no necesitan
ser paseados, no mudan pelos y no se conoce de alguien que se haya parado
en popó de pez. Esto no fue lo que me convenció.
Así que Delilah nos acompañará este añopara
su primera bendición (sí, me atribuí el derecho
de identificación). Vimos su fotografía en la página
de Internet de una organización de rescate
de animales, fuimos a conocerla y nos enamoramos. Ella fue rescatada
de un refugio terminal en
Carolina del Sur – literalmente un “perro condenado a morir” hasta
que Pet Rescue en Larchmont intervino para cumplir con lo esperado. Ella
es una gentil y dulce mezcla de lab/esquimal y me ha apretado con su
pata.(Delilah está sentada a mis pies mientras escribo).
Pero esto es más que una historia de un propietario de perro de
los suburbios. Esto es realmente una historia de conversión (la
mía propia) y de redención (la
de Delilah). Cuando miramos nuestras vidas a través de un lente
espiritual con frecuencia vemos más claramente la mano de Dios.
Además, teniendo en cuenta que las parábolas de Jesús
son historias de la vida diaria, esto no es nada nuevo. Las mascotas
pueden abrir nuestros ojos a las cualidades divinas del amor y la compasión.
Es realmente por esto que en octubre bendecimos nuestras mascotas. Pero
no se necesita de una mascota para ver que la condición humana
está plena de encuentros
con la muerte y la resurrección, la conversión y la redención.
Solo necesitamos abrir nuestros ojos a las sorprendentes posibilidades
que nos rodean. Hay lecciones para aprender que trascienden el plano
superficial de nuestra existencia. Ellas pueden hallarse en todas partes – a
través de nuestras relaciones (humanas,
divinas y caninas) y en la aparente rutina de los eventos de nuestras
vidas. Si un gato o un perro o incluso una serpiente pueden mostrarnos
el camino hacia la armonía ¿que
mejor manera de honrar el legado de San Francisco?
Hemos llegado a amar y apreciar al más reciente miembro de nuestra
familia. Por supuesto escucho las palabras de la plegaria eucarística
(Prayer of Humble Access) con una nueva visión: “No somos
dignos sino tan solo de recoger las migajas de debajo de tu mesa”.
Nosotros solo las dejamos para Delilah.
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